Seguro, sin duda alguna, pues apostaría mi cabeza en
ello, todo el mundo ha sentido en algún momento de su vida que estaba viviendo
su mejor época, su año de suerte o cualquier otro período de tiempo que bajo
ningún concepto desearía que tocara a su fin. Pero claro, está eso que dicen de
“nada es para siempre”. Y es que, ciertamente, nada dura eternamente; el
infinito solo existe en matemáticas, por mucho que a toda pareja de enamorados
le pese saberlo, pues yo misma he estado enamorada y me han prometido una
cantidad de “para siempre” que me han
hecho ver que no es más que un símbolo. Lo puedes emplear en una ecuación, pero
no más allá.
Tampoco mentiré en absoluto diciendo que prometer
tal medida de tiempo o duración a la persona que amas es una tontería, que no
deberían decirse tales palabras a menos que se sepa demostrar y llevar a cabo.
No lo haré, puesto que ¿a quién no le gusta oírlo, que le hagan promesas con
las que llorar de felicidad, sentir que no hay amor más fuerte y verdadero que
el suyo? Imagino, que a todos nos gustaría.
Anteriormente
dije que sé de infinitos, de tener el año o los mejores meses de tu vida, etc.;
bien, diré que lo sé a mi manera, pues todo el mundo lo sabe de propia mano y
si estuvieran en mi lugar, así lo harían.
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