La vida es como una partida a las cartas; la mas larga que únicamente finaliza al paso de los años, sin importar cuantos. Por tanto, tiene unas normas que se aprenden, adquieren y se adaptan al juego propio de cada ser humano.
La vida es una partida con comienzo y final en la cual los errores cuentan a veces mas que los aciertos, donde se experimenta tristeza, decepción y culpabilidad cuando se produce un movimiento en falso del cual mas tarde se aprende, o por el contrario, satisfacción y felicidad si la jugada es acertada. Y por supuesto, en ocasiones se obtienen beneficios y otras veces simplemente apuestas lo que tienes sin haber un posterior triunfo.
Y es que en esta vida que nos ha tocado, podemos contar con aliados, trucos, calcular las jugadas a la mínima o lanzarnos de cabeza sin dudarlo un segundo; no solo existe un “o ganas o pierdes”, también hay puntos intermedios. Existe el juego limpio, el sucio y una combinación de ambas, el interés propio juega las bazas pero también se ayuda al projimo así sea a veces el propio competidor.
Esta permitido planear, toparse con un comodín y reservarlo, y aunque sea poco recomendable, hay que admitir que en mas de una ocasión recurriríamos al “ojo por ojo, diente por diente” si nos chafan un movimiento o la partida entera. Que hay jugadores mas hábiles y otros menos, los hay a quienes le sonríe la suerte y a quienes no, asi como existe quien hace fácil jugar o quien lo dificulta. Se puede jugar enserio o para matar el tiempo.
Y es que todo esta permitido; lo único obligatorio, la regla de oro es simple. Aprender con cada partida hasta que llegue la final.
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